Volvía con mi padre, de quien no tengo la mejor
opinión, sobre todo si de reflexionar y de autocrítica se trata. Volvíamos de
una misión familiarmente delicada, que de repetida en las últimas semanas se
había tornado, en apariencia, coyuntural; pero era terrible, por decirlo de
alguna manera. Simplifico: hacerle la mudanza a una hija suya y hermana mía que había pasado
por un bajón (simplificación) que la sumergió en una dejadez extrema.