Río
Bravo, Río Rojo, Más corazón que odio. Por ejemplo. Del western puro y duro -nada de spaguetti,
que también tiene sus virtudes-, se trata esta
vez. Quiero, sin ser estudioso ni experto en el género, remarcar la que
para mí es una de sus principales virtudes: la “psicología” de sus personajes. Y
eso que, a primera vista, las actuaciones y los papeles de los clásicos del
género parecen de cartón, casi estereotipos (en este sentido, habrá que admitir
como paliativo de época la influencia del folletín y la adaptación de las tiras
de aventura). Pero tal vez esa rigidez sea una condición necesaria para que los
personajes desanden en un lenguaje cinematográfico que estaba naciendo y
creando sus reglas.
